Luces en el cielo y la tragedia de la ministra de Defensa

Luces en el cielo y la tragedia de la ministra de Defensa


12 de febrero de 2026 • 10:55

4 minutos de lectura

Freddy Solórzano

Freddy Solórzano

Redacción ED.

En 2007, Terra Nostra todavía no se llamaba así. Era apenas un rincón polvoriento de Jaramijó, en el límite con Manta, donde cinco casas de caña resistían entre maleza y caminos de tierra. María llevaba un año viviendo allí cuando, la noche del 24 de enero, se asomó a la ventana y vio luces cruzando el cielo oscuro. Segundos después, el estruendo.

Los vecinos salieron corriendo hacia el terreno cercado con paredes de ladrillos donde algo había caído. María se quedó en casa. El miedo también inmoviliza. Pronto llegaron las noticias: un helicóptero militar se había precipitado. Luego, las sirenas. Y, más tarde, el silencio fue acordonado por los militares.

Las investigaciones y los militares en Terra Nostra

Durante más de quince días, militares y peritos interrogaron a los moradores. María solo pudo contar lo que escuchó y lo que vio: luces en la noche, un golpe seco que partió la calma del barrio naciente.

En ese accidente murieron la ministra de Defensa, Guadalupe Larriva; su hija, Claudia Ávila; y cinco oficiales de la Aviación del Ejército. Ecuador perdía a la primera mujer en ocupar esa cartera de Estado y a una niña que no debía estar allí.

La tragedia ocurrió durante un ejercicio militar nocturno con fuego real, entre el polígono de tiro y la base aérea de Manta. Informes oficiales posteriores señalaron que nunca se planificó trasladar a autoridades civiles a ese operativo, y menos permitir su participación en una práctica de alto riesgo.

Los errores que determinó la investigación

La Junta Especial de Investigación concluyó que el “factor humano” fue determinante. Un helicóptero que transportaba a la ministra y su hija de 17 años chocó con otro en pleno vuelo.

Hubo fallas en la conciencia situacional de los pilotos, distracciones adicionales por la cercanía de un vuelo comercial y una operación nocturna con equipos de visión que la tripulación realizaba por primera vez en el aeropuerto Eloy Alfaro. Tampoco existía un sistema táctico de mando con comunicaciones adecuadas.

Los peritos descartaron sabotaje o fallas mecánicas. Las aeronaves estaban en buen estado. El choque de las palas de los rotores —provocado por un acercamiento excesivo durante el retorno— selló el destino. También se identificaron violaciones a normas de seguridad: no debieron permitirse civiles en un ejercicio de tiro de combate nocturno.

El proceso judicial fue largo y doloroso. En la vía penal se dictó sobreseimiento por homicidio inintencional agravado. Pero la batalla continuó en el ámbito administrativo. En 2018, la Corte Nacional de Justicia determinó la responsabilidad objetiva del Estado. El fallo ordenó disculpas públicas a la familia, una indemnización cercana a los 500.000 dólares y el inicio de acciones de repetición contra quienes, por acción u omisión, permitieron la tragedia.

Guadalupe Larriva, de profesora a ministra de Defensa

Más allá de los expedientes, quedó la memoria de quién era Guadalupe Larriva. Nacida políticamente desde las bases sociales, fue maestra en Cuenca y catedrática universitaria durante décadas. Enseñó Geografía Física, Ecología Humana y Realidad Latinoamericana.

Presidió la Unión Nacional de Educadores en Azuay y ocupó espacios en el Congreso como diputada y titular de la Comisión de Educación. También integró el Parlamento Latinoamericano y lideró el Foro de Parlamentarias.

Cuando asumió el Ministerio de Defensa en el gobierno de Rafael Correa, su nombramiento marcó un hito: por primera vez, una mujer dirigía esa institución históricamente masculina. Ella misma se definía como “una persona nacida de las bases de las organizaciones sociales”, consciente del peso de la organización colectiva.

Su muerte no solo fue un accidente aéreo. Fue el resultado de decisiones que, según la justicia, vulneraron el deber de cuidado. Cerca del lugar donde ocurrió el accidente se construyó una escuela que lleva su nombre.

Hoy, en Terra Nostra, con más de 300 familias, pocos recuerdan que una noche el cielo se desplomó. María todavía vive en la zona. A veces, cuando escucha un helicóptero sobrevolar, vuelve a mirar hacia arriba. El eco de aquel estruendo del 24 de enero de 2007 permanece en su memoria.

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