Hace unos ocho años tomé clases de Kundalini yoga, por un periodo corto, junto a mi hermana Karen. Recuerdo la incertidumbre y temor de la primera vez que ingresamos a un espacio nítido, pequeño y cálido, junto a otras personas que, asumo, también buscaban paz y armonía; y, aunque nos incomodó repetir mantras cuyo significado no entendíamos, salimos de allí alegres, radiantes y más pacíficas. Luego, abandonamos ese espacio, porque la vida tiende a llevarnos por los caminos de mayor materialidad.
Hace poco, en medio del caos de la vida adulta, decidí volver y esta semana empiezo, por segunda vez, esta tradición milenaria que se remonta a más de 3.000 años, según textos sabios de la India y que permite canalizar de mejor manera la energía latente -simbolizada como una serpiente enroscada- que yace en la base de la columna, el chakra raíz, para una mejor conciencia y claridad mental.
Algunas personas confunden la Kundalini con una religión; sin embargo, no tiene un mínimo que ver con creencias, dioses creados ni dogmas, así como tampoco pertenece a secta alguna, religión o iglesia. Antes bien, podría verse como una disciplina y práctica que permite desarrollar la espiritualidad, facilita la observación del cuerpo y la respiración y ayuda a entender y visualizar los pensamientos. Es una meditación intensa e incluso emocional. La Kundalini, el manejo de la energía, en principio, era el resultado de un conocimiento y práctica y se reservaba para maestros iniciados y ascetas; hoy, sin embargo, como un sistema moderno en el mundo occidental, es una escuela abierta al público que comparte mantras y respiraciones intensas para canalizar la energía, lo que ha llevado a cuestionar el método pues resultaría forzoso.
La forma de Kundalini actual obedece a Yogi Bhajan, quien lo hizo conocido en EE. UU., creando sistemas, kriyas estandarizadas e introduciendo mantras, rompiendo con el secretismo de la práctica, conforme la tradición asiática.
Retomo la Kundalini yoga con alegría y libertad, ahora que soy más adulta y tengo mejor criterio para acoger la práctica sin las normas, sin las reglas y sin las imposiciones. Tengo ilusión de este espacio personal, aunque extrañaré a mi hermana Karen -tal vez a futuro se incorpore-. Me emociona escuchar nuevamente las melodías de Mirabai Ceiba y como dice mi tía yogui “aprende Kundalini en tu rebeldía, sin normas, diciendo no a lo que no te guste, nadie tiene la verdad absoluta”.
Le contaré cómo me va; y, si usted ya tiene una práctica, coménteme su experiencia.

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