El ex presidente del Ecuador, Alfredo Baquerizo Moreno, en 1920, por decreto ley, estableció el 13 de abril de cada año como el Día del Maestro Ecuatoriano, en homenaje al natalicio de don Juan Montalvo. Ambato es conocida como la cuna de los tres Juanes: Juan Montalvo, Juan Benigno Vela y Juan León Mera, autor de la letra del himno nacional.
La obra de Montalvo tiene dos facetas: filosófica y moralista; de otro lado, la del gran polemista y combatiente acérrimo contra las dictaduras y los gobiernos tiránicos. La primera faceta está contenida en su célebre obra editada en París titulada Los siete tratados, su obra clásica que trata del amor, la moral, la decencia, el civismo, la honestidad y la tolerancia, que no significa conformismo ni impunidad; enseñanzas que deben ser impartidas desde el hogar, las escuelas, los colegios y la universidad, donde se debe enseñar, por sobre todo, la ética profesional.
Con su pluma combativa enfrentó el gobierno clerical y tiránico de Gabriel García Moreno y el gobierno abusivo y corrupto del Gral. Ignacio de Veintimilla, a quien apodó en su obra Las catilinarias “Ignacio de la cuchilla”. El obispo de Quito lo excomulgó por “hereje y ateo”; le respondió con su gran obra La mercurial eclesiástica, en la que, lejos de defenderse, atacó en forma virulenta la corruptela del clero de la época y le demostró al obispo que él era más creyente, pero de mentalidad heterodoxa.
En 1866 fundó El Cosmopolita; en 1876, El Regenerador; y su obra póstuma Los capítulos que se le olvidaron a Cervantes, por lo que mereció el título otorgado por la Academia de la Lengua Española como el “Cervantes de América”. Gran parte de su vida vivió en el ostracismo; a los 25 años de edad fue encargado del consulado en París. A su retorno al país, luego de conocer los abusos de García Moreno, desde Yaguachi le envió una histórica carta al tirano en la que le decía: “Cambie usted, señor García, su forma de gobernar; de lo contrario, usted tendrá en mí un adversario nada vulgar”. En efecto, esta amenaza la cumplió con creces, a tal punto de que, cuando vivía en Ipiales, recibió la noticia del asesinato de García Moreno y, asomándose al balcón, exclamó: “La gloria es mía, mi pluma lo mató”, frase que perdura en la historia de los ecuatorianos.
Montalvo murió pobre en la calle Cardinet, en el barrio latino de París, víctima de pleuresía. Agonizante, pidió a su empleado que, con los últimos francos que tenía, le comprara flores y que lo vistiera de frac para recibir la muerte con la mayor dignidad.
Frente a la realidad actual que atraviesa nuestra patria, pienso cómo habría reaccionado la pluma indignada de Montalvo. Me permito evocar la estrofa final del himno de Mera que dice: “Y si nuevas cadenas preparan / la injusticia de bárbara suerte, / gran Pichincha, prevén tú la muerte / de la patria y sus hijos al fin”.

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