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Los restos de la científica Marie Curie, pionera en el estudio de la radiactividad, permanecen bajo estrictas medidas de seguridad en el Panteón de París debido a los niveles de radiación que emite su cuerpo. Tras su fallecimiento en 1934 y el posterior traslado de sus restos en 1995 al mausoleo de honor de la capital francesa, se determinó que su ataúd debía estar forrado con una capa de tres centímetros de plomo.
Esta medida técnica responde a la necesidad de contener la emisión de partículas radiactivas derivadas de décadas de exposición directa a elementos químicos sin protección durante sus investigaciones científicas. La contaminación radiactiva no se limita únicamente a sus restos mortales, sino que se extiende a su legado material.
Marie Curie fue la ganadora de dos premios Nobel
Sus cuadernos de laboratorio, fundamentales para la historia de la ciencia moderna, se encuentran actualmente contaminados con radio y polonio. Según los informes técnicos de conservación, estos manuscritos tardarán aproximadamente 1500 años en perder su carga radiactiva y alcanzar niveles considerados seguros.
En la actualidad, los investigadores que desean consultar estos documentos de Marie Curie en la Biblioteca Nacional de Francia deben firmar formularios de exención de responsabilidad y utilizar trajes de protección especial para evitar riesgos a la salud.
Asimismo, la indumentaria utilizada por la ganadora de dos Premios Nobel también representa un desafío para la seguridad biológica y ambiental. Su ropa presenta una alta concentración de radio-226, un isótopo con una vida media prolongada que requerirá una fuerte protección y almacenamiento especializado durante al menos 1600 años adicionales.
Junto a su esposo descubrió el polonio y radio
El radio-226 es conocido por su capacidad de emitir radiación gamma, lo que convierte a estos textiles en objetos de manejo delicado que deben ser preservados en cajas revestidas de plomo para evitar la dispersión de partículas en el entorno.
Marie Curie, junto a su esposo Pierre Curie, descubrió los elementos polonio y radio, sentando las bases de la física nuclear y la medicina oncológica. Sin embargo, en aquella época no se conocían los efectos nocivos de la exposición prolongada a estas sustancias, lo que llevó a la científica a manipular las muestras directamente y guardarlas en los bolsillos de su vestimenta de trabajo.
Este contexto histórico explica por qué la tumba de Marie Curie, es una de las pocas en el mundo que requiere blindaje metálico. El Panteón de París, que alberga a las figuras más ilustres de la historia francesa, mantiene protocolos específicos de monitoreo para asegurar que la radiación confinada en el sarcófago no represente un peligro para los miles de visitantes que acuden anualmente al recinto.

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